El amor más grande e incondicional, que se da sin esperar recibir nada a cambio
lo que lo convierte en el amor más desinteresado, es el amor de una madre, que
entrega a sus hijos todo su amor, todo su cariño, acompañándolos a recorrer el
camino de la vida, hasta que pueden valerse por sí mismos, aún sabiendo que al
final de ese camino, será relegada, hecha al margen, para recibir en el ocaso de
su vida, sola, una vez al año, un pastel, una tarjeta o un pequeño ramo de flores.
